Para nosotros los católicos, todo es siempre universal y local. En otras palabras, la Iglesia local (diócesis) es la encarnación viva de la Iglesia universal, y ella mantiene esa característica importante siendo fiel a Cristo bajo el liderazgo de su obispo, quien está unido a todos los obispos del mundo bajo el sucesor de San Pedro.
La semana pasada se ha escrito mucho sobre la visita extraordinaria del Papa Benedicto XVI a los Estados Unidos. Su itinerario comprendió un rango grande de actividades y audiencias, todas importantes para la Iglesia: una reunión con el Presidente y la Sra. Bush; la oración de la tarde y una conferencia con los obispos de este país; Misas ante multitudes en el Parque Nacional en Washington y en el estadio de los Yankees en Nueva York; una conferencia en las Naciones Unidas; una visita a una sinagoga; una reunión íntima con víctimas de abuso sexual; juntas con educadores católicos, líderes inter-religiosos; jóvenes (y una reunión especial con jóvenes discapacitados); sacerdotes, religiosos(as), y seminaristas; y una visita al lugar de las torres gemelas para orar y para saludar a los parientes y amigos de las víctimas de septiembre 11.
En cada uno de estos lugares, el Papa Benedicto se dejó ver como un pastor humilde y amoroso, muy preocupado por sus ovejas, lleno de esperanza de que si le tomamos la palabra a Cristo estaremos llenos de esperanza y paz. Yo tuve el privilegio de estar presente para las vísperas con él en la Basílica de la Inmaculada Concepción en Washington y para la Misa en Parque Nacional. Aprendí hace muchos años a leer sus palabras con atención, porque Dios lo ha bendecido con una visión poco común y la habilidad de iluminar el evangelio con claridad. No me sentí defraudado durante este viaje, y he impreso los textos de sus pláticas de Internet para reflexionar más en ellas.
Conociendo el valor y lo profundo de las palabras del Papa, sin embargo, esta vez también me sentí atraído a la intensidad de su presencia personal: cariñoso, simpático, apacible, gozoso. Él habla el inglés con acento alemán, y en toda la visita él estuvo vigilante de comunicar los suaves y sentidos matices de su mensaje con mucho cuidado. Aquí estaba un pastor hablando a su rebaño sobre lo que es vital y lo que les cambiaría la vida a él y a ellos. Aquí estaba un padre hablando a sus hijos de su amor y, más importante, del amor de Dios. Aquí estaba un predicador proclamando las lecciones del evangelio que Cristo quiere que recordemos.
Mencioné anteriormente que la Iglesia es siempre universal y local. Providencialmente, menos de 48 horas después que el Papa Benedicto se reunió con los educadores católicos, 500 personas de toda la Diócesis de Joliet se reunieron en la Academia Católica de Joliet para nuestra primera “Conferencia sobre las Escuelas Católicas,” su propósito era proporcionar un foro para dialogar temas que enfrentamos mientras avanzamos la educación católica hacia el futuro. Fue un evento extraordinario, uno que yo creo ayudará para el futuro de las escuelas católicas en nuestra diócesis.
Nuestra Superintendente, la Hna. Helen Jean Kormelink, O.S.B., estuvo presente con otros educadores católicos cuando el Papa ofreció palabras de ánimo, y vino a la Conferencia con su mensaje de esperanza. Lo universal vino a lo local, y nos unimos al Santo Padre a través de nuestra participación en la Conferencia.
Me impresionaron particularmente estas palabras del Papa:
“El sacrificio [de los que ayudaron a desarrollar el sistema de las escuelas católicas en este país] continúa hasta hoy. Es un apostolado sobresaliente de esperanza, buscando darle solución a las necesidades materiales, intelectuales y espirituales de más de tres millones de niños y estudiantes. También proporciona una excelente oportunidad para toda la comunidad católica de contribuir generosamente a las necesidades financieras de nuestras instituciones. Su mantenimiento a largo plazo debe ser asegurado. Indudablemente, todo lo posible se debe hacer, en cooperación con toda la comunidad, para asegurar que sean accesibles a personas de todos los niveles sociales y económicos. A ningún niño o niña se le debe negar su derecho a una educación en la fe, la cual a su vez nutre el alma de la nación.” Él añadió, “¿estamos listos a comprometer todo nuestro ser, intelecto y voluntad, mente y corazón – a Dios? ¿Aceptamos la verdad que Cristo revela? ¿Es la fe tangible en nuestras universidades y escuelas? ¿Se le da expresión fervorosa litúrgicamente, sacramentalmente, por la oración, actos de caridad, preocupación por la justicia, y respeto por la creación de Dios? Sólo de esta manera seremos testigos del significado de quiénes somos y lo que sostenemos.”
El Papa habló elocuentemente como nuestro pastor universal de las mismas cosas de las cuales debemos estar atentos en la Diócesis de Joliet. Le estoy agradecido y también a los cientos de personas que apoyan a las escuelas católicas, quienes empezaron un proceso este sábado pasado por el cual vamos a desarrollar un plan para asegurar que nuestras escuelas sean verdaderamente católicas y que ofrezcan la más alta calidad de educación; que sean disponibles, accesibles, y económicas; que sean administradas por líderes bien preparados y dedicados a la educación, que maestros reciban un salario justo; y que nuestro compromiso católico americano hacia los pobres e inmigrantes sea generosamente y amorosamente continuo.
Les animo a que visiten el www.uspapalvisit.org para un recuento completo de la Jornada Apostólica del Santo Padre en los Estados Unidos.